
Han robado una flor, tras ella corre un jardín indignado. Deja un rastro de pétalos y olores tras su delicado aroma, casi puedo sentir tu presencia.
Es tu olor como una canción enredada en tus mechones castaños.
Dejo caer mi cabeza rendido sobre tu hombro y late tu cuerpo junto a mis labios y me pierdo en la frondosidad de tu cuello.
Cómo una gota de perfume recorro tu silueta y soy una gota de sudor descendiendo por tu espalda.
Me calmas como una caricia, deseo, por su aroma vuela, ahuyentas una bandada de signos de interrogación.
Estoy donde hace un momento estabas tú, me dejo embriagar por tu salvaje presencia y revives en mi como en una desnuda tarde de verano.
Caen como gotas de rocío delicadas notas de su perfume trenzadas en su cabello.
Me muerdo las ganas, apoyado en la torre del campanario en la esquina que da al puerto.
Siento una presencia
Vuelo tras ella
vuelvo a sentir mi cuerpo latir con fuerza
me he escondido para besar tus pasos,
me ves ahora,
vuelves sobre tus pasos y nos besamos…
Escondidos en la puerta de la iglesia como dos desconocidos que sólo saben sus nombres y casi no se atreven a pronunciarlos, nos besamos.
Como el repicar de la campana que llama a orar, te beso,
como el canto de la cigüeña que nos saluda te beso, como entonar la vieja melodía de esa oración te beso,
con el ritmo del cincel tallando tu cuerpo desnudo te beso,
Te muerdo los labios y me dejo los miedos en la escalera.
Sentada sobre mi regazo te acuno con mi canción de cálidas sonrisas.
La indignada ventana se cierra y los postigos claman un murmullo de voces indignadas de vecinas susurrando, pero qué más da, qué más da si estoy sumergido en tu abrigo trepando con mis manos desnudas sobre tu espalda.
Ante la algarabía de exclamativas miradas, de ojipláticos paisanos, tocamos en la puerta de la iglesia y salimos corriendo juntos cogidos de la mano.
Su luz me espera, lo sé, volamos a escondernos en aquel desvencijado jardín. Para sumergirme en tu aroma vivo.
Perdido, perdido, perdido escribo en tu cuerpo una alegre sinfonía con mis labios.
Entre las rosas secas hay un diente de león, lo arranco con suavidad para que no se escapen los anhelos y te lo regalo. Tu susurro sopla, vuela un deseo, Ojos de luna
Con mis palabras, te llamo,
con todas las comas te amo,
en cada frase te llamo,
con todos los puntos, te llamo
en cada exclamación te llamo
No lo ves, te amo.
Cada instante, cada segundo, vuelan las estaciones, nunca te bajas en mi parada, son sólo expectantes vagones, a la alegre deriva.
Te llamo dulce deriva, te amo. Acaso no ves como sueño despierto en tus ojos.
Capaz de grabar a fuego tu nombre en mi alma, por verte sólo un instante, soñarte despierto, Ojos de luna, buscarte cuando nunca estás, hallarte siempre que tecleo.
Capaz de escalar la torre del reloj
para atrasar la soledad ,
frenar el tiempo y esperarte mil años más belleza,
no lo ves Ojos de luna.
Te llamo dormido,
soñando despierto te llamo,
no lo ves, te amo.
Y pienso en abrazarte
Y duele el destierro
Y consuela esperanza
Tornar cada noche a las tres, tres besos,
soñando despierto.
¡Qué truenen tus labios!

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