
Han robado una flor y corre indignado el jardín. tras su delicado aroma, casi puedo escuchar tu olor como una canción enredada en tus castaños mechones, venzo mi cabeza sobre tu hombro y late tu olor late junto a mis labios y me pierdo en tu cuello.
Tras una gota de perfume, corre por tu cuello, me calma como una caricia, grita al deseo, por su aroma vuela, ahuyenta una bandada de signos de interrogación. Se sube en el mismo ascensor donde hace un momento estabas tú, se deja embriagar por tu salvaje presencia y se vuelve una tarde de verano ese jardín.
Caen como gotas de rocío trenzadas en su cabello delicadas notas de su perfume y me muerdo las ganas, perdido en la esquina que da al puerto apoyado en mampostería infinita me convierto en piedra de mil años para ser parte del templo. Siento una presencia y es que acabas de pasar camino a la playa para ver las olas rugir en el rompiente contra las rocas, eres tormenta y rugido.
Vuelo tras ella, salgo de ensoñación, salto del muro y vuelvo a sentir mi cuerpo latir con fuerza me he escondido para besar tus pasos, me ves, ahora, me ves, vuelves sobre tus pasos y nos besamos escondidos en la puerta de la iglesia como dos desconocidos que sólo saben sus nombres y casi no se atreven a pronunciarlos. Como el repicar de la campana que llama a orar, te beso, como el canto de la cigüeña que nos saluda te beso, como entonar la vieja melodía de esa oración te beso, con el ritmo del cincel tallando tu cuerpo desnudo te beso, te muerdo los labios y me dejo los miedos en la escalera, sentada sobre mi regazo te acuno con mi canción de cálidas sonrisas. La indignada ventana se cierra y los postigos claman un murmullo de voces indignadas de vecinas susurrando, pero que más da, que más da si estoy sumergido en tu abrigo trepando sobre tu espalda con mis manos. Ante la algarabía de exclamativas miradas, de ojipláticos paisanos, tocamos en la puerta de la iglesia y salimos corriendo juntos cogidos de la mano.
Su luz me espera, lo sé, volamos a escondernos en un desvencijado y viejo jardín en aquel jardín, sí, y me vuelvo a sumergir en tu aroma perdido, perdido, perdido, y escribo en tu cuello una alegre sinfonía con mis labios. Entre las rosas secas hay un diente de león, lo arranco con suavidad para que no se escapen los anhelos y te lo regalo. Tu susurro sopla, vuela un deseo, Ojos de luna
Con mis palabras, te llamo, con todas las comas te amo, en cada frase te llamo te llamo, con todos los puntos, te llamo, en cada exclamación te llamo. No lo ves, te llamo, te amo, te llamo, te llamo, te amo. Cada instante, cada segundo, vuelan las estaciones, nunca te bajas en mi parada, son sólo expectantes vagones, a la deriva alegre deriva, lo sé, deriva alegre, lo sé, te llamo, dulce deriva, te amo, acaso no ves como sueño despierto en tus ojos.
Capaz de grabar a fuego tu nombre en mi alma, por verte sólo un instante, soñarte despierto, Ojos de luna, buscarte cuando nunca estás, hallarte siempre que tecleo.
Capaz de escalar la torre del reloj atrasar la soledad , frenar el tiempo y esperarte mil años, belleza, no lo ves, Ojos de luna.
Te llamo dormido, soñando despierto te llamo, no lo ves, te amo.
Y pienso en abrazarte
Y duele destierro
Y consuela esperanza
Y tornar cada noche a las tres, tres besos, soñando despierto
¡Qué truenen tus labios!

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