
Nadar contramarea y retar a la resaca a que me arrastre a otro lugar, más profundo más lejos, lejos de tus sonrisas. Es una batalla perdida, una lucha desigual entre las mareas y mi deseo, que salvaje brota, ruge en mi pecho y llega eléctrico hasta mis dedos.
Ganar un mar de alegrías , para escuchar por tus labios la más dulce respuesta.
Morder el éter deseo, anhelo ser sutil aire, una brisa en tu recuerdo, una estampida de besos sobre tu abdomen.
Siempre me encuentro en los laberintos de tu ombligo, en las cuencas de tu cuerpo desnudo, siempre suena una canción y adoro tararearla, ser cada cuerda de la guitarra que tocas y perderme en el hipnótico estribillo grabado en tu piel.
Correr hacia un nuevo rayo de luna, hundido entre tus labios, correr hacia aquel primer rayo del amanecer, que se cuela indiscreto por la ventana e ilumina tu perfil reclinado sobre un lecho de plumas, noches, todas las noches, correr tras ese suave buenos días, hacia aquel tenue beso, correr desesperado hacia tu recuerdo.
Volar echado sobre las alegrías, rendido ante tu desgarradora belleza, recordando como suenan las caricias de mis dedos sobre tu piel, se eriza memoria, memoria futura, en los días nublados nos encontramos de pie, de frente, de repente vuelas y desapareces entre las nubes de la mañana por aquel sendero que deambula por el éter.
Donde brotan tus pétalos, donde el aroma lo inunda todo, donde las mareas se rinden y la resaca me devuelve junto a ti, juntos, se dejan ganar las olas, en esta batalla desigual entre las ganas de verte y la luna, luna que vive en tu iris.
Luce una pequeña vela en la habitación y no quiero despertar de esta realidad donde me dejo acariciar por los segundos, donde me dejo vencer por los sutiles instantes que se traducen como entrecortada respiración.
Nadar contramarea y retar a la resaca a que me arrastre a otro lugar, más superficial, más lejos, lejos de tus besos. Es una batalla perdida, una lucha desigual entre mi deseo y las mareas que caen rendidas ante tus ojos de luna. Vencidas me acercan hasta tu lecho.
Hay un brillo en mis ojos, temblando una lágrima de alegría me aferro a ella como si fuera el lago donde mora mi tímida sonrisa. Sonrisas, venid, venid a aquel sendero donde escapa como una pavesa volando sobre mi fuego, como una voluta de mi cigarro, escapa, se escurre entre mis dedos.
¡Cómo anhelo caminar de tu mano! Cómo deseo formar parte de tu alegría, como tener el cielo en mi regazo.
Recorrer aquel sendero donde siempre te encuentro, cuando eres esperanza , cuando eres la guía la ruta que me ayuda a perder los miedos en el trémulo laberinto de tu abdomen y cantar una canción apasionada. Perdida, anhelada pérdida, eres tú Ojos de luna, espiral, áurea, dorada felicidad.
Bebernos un Rioja y brindar
con los vasos colmados de tu contagiosa alegría,
desbordando las copas
en la playa de tu silueta desnuda.

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