Techados los celestes cielos
con tus joviales alegrías
rendido el sublime éter
ante tu desgarradora belleza
María.
Imaginar cómo sonarán
las caricias de mis dedos
sobre tu piel
se eriza memoria
memoria futura
en los días nublados
nos encontramos de pie
de frente, de repente vuelas
desapareces entre las nubes
de aquella dispersa mañana
por aquel esquivo sendero
que deambula por el sereno éter
Para aparecer diáfana clara
como tu verdad
aquí junto a este solitario
rapsoda.


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