OJos de luna

preservar la belleza

Donde acaba el cauce seco

de la agonía, en el delta de la tristeza

aquí cerca del dolor y de la pena.


Llevo meses intentando

construir puentes entre los escombros

de un amor por escondido, ajeno,

vivo en los rescoldos

de un fuego eterno

dentro de mí, tapado con las capas

de la distancia y el destierro.


Una vida demolida

Un albergue abandonado

una vieja guarida

donde guardaba

una caja de puros

con mis mayores tesoros

como los besos

que nunca, nunca, nunca

nos dimos

con los recuerdos

de tus sinceros abrazos.

Refugios antinucleares

para proteger la Belleza

de esta horrible distopia.



Furibunda guerra, contra sus maltrechos egos.



Salvar enormes instantes

donde apareces como aquel amanecer

en Benicasim, donde capturamos

un rayo de esperanza y lo convertimos

en un segundo de plenitud.


Cómo bailar en el Sonorama

cuando tú

me cogiste de la mano.


Momentos eternos, cincelados

en mi memoria como hitos

de monumental ALEGRÍA.



Renacer, aquí, ahora

cuando la esperanza se vestía de gris

y los días tornaron años.


He visto mi vida

pasar ante mis ojos.


Allí donde se esconden

los sueños rotos

detrás del orgullo y de la pena.

En aquel desván con telarañas

había una luz tintineante

guiándome entre las sombras

hacia una deslumbrante

supernova.

Explotando con un ensordecedor

aullido los miedos

reventado la pena y el dolor

deslumbrando estos felices

versos

y esa irisada luz lleva tu nombre, María.


Porque sólo he sentido este amor

cuando hemos estado juntos

María.

Porque la Belleza debe prevalecer

ante el más cruel y espantoso odio.

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