OJos de luna

Descender

Frenar

golpear las advertencias

hasta hacerlas pedazos

atomizarlas.

No quede nada

Ni miedo

Ni angustias.


Con un pulso

acelerando

en tu regazo

entre tus brazos.



Doña abulia y doña desidia

se estanquen, se hundan

en las pútridas aguas

de la contaminada charca

de la indiferencia.

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