Descender

Frenar

golpear las advertencias

hasta hacerlas pedazos

atomizarlas.

No quede nada

Ni miedo

Ni angustias.


Con un pulso

acelerando

en tu regazo

entre tus brazos.



Doña abulia y doña desidia

se estanquen, se hundan

en las pútridas aguas

de la contaminada charca

de la indiferencia.

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