Cerca
de la interminable
playa de tu piel
en el rompiente
me pierdo
en cada grano
de las arenas
de tus piernas.
Eres exquisita
un vino de garnacha,
eres
fruta prohibida,
el néctar salvaje
silvestre
de una planta
desconocida
en un mundo nuevo.
En mi boca
las gotas de tu sudor
son ríos bravos
de pasión
desenfrenada.
Caer dentro
de ti
como si bebiera
un cáliz
bendecido
en el altar
de tu sonrisa.



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