En aquel valle
cubierto
de verdes praderas
he buscado tréboles
de cuatro hojas
para regalarte
baraka, amor mío.
Hasta en aquel
recóndito bosque.
En tu última
mirada.
En el penúltimo
abrazo, he buscado
fe para creer en mí
y regalarte
un curioso
libro de versos dichosos
pintados con tu alegría
María.
De la más densa
maleza.
De las más cruel
tristeza.
He arrancado
cada palmo de suelo
cubierto
de pedazos de costra
ocultando
unas petrificadas
emociones.
Dentro de una
espesa soledad
he hallado
jirones de alegría
con el nombre de tu risa
María.
Con un poco de suerte
contra
todo pronóstico.



Deja un comentario