Deslizo mis manos
entre
tus piernas cruzadas
sobre una butaca
deseo
en aquel viejo cine.
Sonríes.
En la pantalla
dos amantes llamándose
ella
en el alfeizar
él a pleno pulmón gritando
¡Ojos de luna!
María
baja mi vida, ven
Ojos de luna.
Él desgarrando
el viento
con su voz acelerada.
Ella sonríe.
Mis dedos cantan
una trémula melodía
entre tus piernas.
En la pantalla
dos amantes
cerca del puerto
medio desnudos.
Calzados con cálidos
húmedos anhelos
con tus hermosas sandalias
cubriendo sutilmente
tus píes,
Empezar a escalar
para morder tu belleza
y dejarme en cada columna
pedazos de labios, de besos
de mi, de ti, de nosotros.
En el puerto
hay un barco a Venus
prometiendo
un viaje inolvidable.
Ella
corre exultante
vuela dichosa
a su encuentro.
Con la premura
del primer beso
empapados de olas
cubiertos de arena
con un manto de pasión.
Nosotros
nos miramos.
Recorro
tus piernas
entrelazadas
como si acordasen
seducirme.
No encuentro
salida
entre tus labios.
Las palabras
recitan despacio
con una inmensa pausa
como si cayesen
desde otro planeta
a un abismo bajo el mar
¿ Dónde moran las luces de primavera?
Los focos
del cine encendidos.
Suena una canción
con sabor a alegría
alguien carraspea
envidiosa tos y nosotros
nos reímos a hurtadillas.
Aparecen los créditos
directora, productora
cámara y protagonista.
Ojos del luna, María.
Cuando no queda
nadie
el acomodador
nos grita.
Nos negamos
a ser el anodino final
de aquella historia inacabada
en una playa en Benicasim.
Cogidos de la mano
dos almas adolescentes
sonríen, sin mirarse
Caminan
desde dos olvidadas butacas
a una casita de adobe
en medio de una pradera
verde esperanza.
Excitado, se funde el puerto
se aleja la marea
mientras corriges
tu maquillaje pintando
las olas con tu carmín.
Como dos porteños
bailamos un apasionado
tango.
Nos cubrimos de cálido humo
con las volutas de mi cigarro.
Te acaricio con las pestañas
con el rostro rendido,
sobre tu mejilla, me acerco
y nos besamos mientras
despacio, junto a tus labios
bailamos un ardiente
tango.
Condensa tus miradas
me quema, arde deseo
arde pleamar,
Juntos hasta el ocaso de nuetros días.
Llorar, reír, reñir, soñar, vivir, sentir,
desde aquí hasta el final de la última frase.
De ese párrafo distante y esquivo
que hemos de escribir juntos.
En nuestro hogar
donde crecerán montones
de carcajadas risueñas
de alegres niñas llamándote
fuerte, continuamente:
– ¡Mamá! ¡mamá! ¡mamá!
Mientras le cambio el pañal al pequeño.
Seguir las migas
como en aquel cuento
para construir allí
en un claro en medio
de nuestro sino un hogar
hecho de pequeños granujas
empeñados en colmar los días
de increíbles sueños
desbordando sus cuerpecitos.
Torna pasión, arde
me quema
noches con sabor a sal
atado a tus versos, deseo.
Allí en un puerto mestizo
deseo, arco iris danza y cortejo, tango.
Deseo, tango, deseo y sal, pasión.
Sal, mareas de aguardiente
tangos y un nosotros multiplicado
por pequeños nenes jugando
a ser familia.
Deseo despacio deseo, despacio
quemando una vela despacio
pavesas y humo,
despacio
despacio
despacio.
Eterno sueño
contigo
con tus ojos de luna, María
y acunando nuestros sueños
en la habitación
donde duermen los nenes.
Atado a tu nuca, labios,
entrelazar deseo.
Deseo enredadera
escalando en su diario
subiendo sobre tus medias
sus aromas
hoy hueles a tango, Ojos de luna.
Respira el dulce olor
de las pálidas flores de almendro
en una mañana fría de invierno.
Entre tus besos
entrecortada calada de tus labios
sobre mi cálida boca.
Respira, respira, respira
expiras una luminosa pléyade
de rojas estrellas.
Ópalo deslumbrante
respira ahora, despacio
despacio, despacio, despacio.
Luminoso seda, satén
izar la vela de su barcos
tango
saciando anhelos
indícame
el camino hasta tu lecho.
Ojos de luna, María
en una risueña posada
en un apartado hotel
en aquella pradera
en aquel desvencijado
coche suena una canción
y es un tango, nuestro tango.
Astrolabios en sus gemidos
sedientos bailarines
danzando sobre las mareas
en sus largas piernas.
Sal deseo, tango entrelazado,
edén, sal, sal, edén y gemidos.
Horizontal paraíso
jirones de luna, celosa luz y deseo.
La atrapa entre sus brazos, se desvanece
entre la bruma. eternidad y paraíso.
Arrancas jirones de luna
celoso reflejo de tus ojos.
Perdida la atrapas
la encuentras, escapa
entre las yemas de mis dedos
se desvanece
sal, deseo, edén.
Bailamos
nuestro tango a la luz
de una pálida luna.

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