Amapolas, rojas, prendidas
de cada mechón
atados mis dedos
a tu cabello escarlata.
En un valle de risueñas alegrías
de abrazos, de besos, de labios
a los pies de una desnuda cordillera
cerca de donde un día lejano
me cogiste de la mano.
En el primer altísimo escalón
de una escalera de caracol, infinita
perdida, en hermosos bajorrelieves
escalones izándose
por columnas en espiral, sin fin.
Hay fotos de un bello y distante
futuro,
armado de los tiernos recuerdos
aún
por construir.
Cerca de tus labios, respiro
perdido en la inmensidad
de tu ardiente deseo.
Busco con mis manos ciegas
tiernos livianos caminos
en tu indómita espalda
de un luminoso cosmos
en tus Ojos de luna, María.
Un poderoso temporal
de enormes y majestuosas olas
talla las rocas del acantilado
de tu salvaje realidad.
Laten furiosos mares
donde se encuentran
un bravo torrente de verbos
en el delta de tus sílabas.
Donde se esconden tus besos
deslizándose suavemente
por esta delicada verdad.
La luna, el sol y las constelaciones
juegan a esconderse, curiosos
entre signos de interrogación.
Amanecen, dos sueños entrelazados.
Dos desnudos amantes,
nosotros
con los cuerpos empapados de pasión,
rotan, rocío de bruma, rotan
amanecen agitación y quietud,
al alba, rebelión.
Nace ácrata, rebelde, atrevida
como una pequeña margarita
enraizada entre los adoquines
florecen, entre convulsa revolución.
Ante unos ojos fijos, clavados
en el vuelo de tus ágiles pasos
rebelión, revolución y lucha.
Bajo la humedad
de aquel manantial
donde emana verdad
desde que la Tierra es,
rebelión y lucha.
Deseo escrito en las sábanas
con manchas de carmín.
Compleja absolución, haciendo del pecado
objetivo y de la pasión desordenada
guía de los mapas de tu piel, María
de los pliegues de tus sábanas,
ardiente rebelión polinizada,
galvanizada, delicada, sutil
belleza.
Rebelión.
Cantan las mañanas de abril
los versos, las distantes estrofas
desde aquí hasta futuros perfectos
de un poema embriagador.
Nosotros enredados en tus labios
mis sábanas preguntan
el porqué de tu enloquecedor
estribillo
con los gritos de tu aroma.
Mientras salga el sol
amanezca
lucirá esperanza.
Rebelión salvaje
ácrata
necesaria rebelión.
Un cielo diáfano de sonriente luz
parece sonreír, María
sonrojar lunas de coral
Dame tu firme y delicada mano
Ojos de luna, María, ojos de luna.
Seda para respirar un bosque
clamar un ciego abrazo
gritar un lecho de pétalos
acariciarte la piel a besos.
Ojos de luna, María, ojos de luna.
Escalar
en los pliegues
de tu piel, rebelde María
María, ojos de luna.
Amapolas
observan desde la pausa
el palpitar de tus labios rojos.
Amapolas
furtivas cazan
el último haz de luz
de María, de sus ojos de luna.
Amapolas.
Belleza
talla con su hermoso cincel
una estatua con forma de mujer
y con tu nombre, María.
Ojos de luna.
En las faldas
de mansas montañas
nacen hontanares
de pura belleza
de tus armonías, María.
Amapolas de terciopelo y fuego.
Locuaz arroyo
¿A quién cantas tus mañanas?
¿A quien desnudas en tu reflejo?
¿Es a ti Ojos de luna?
– Sí.
Camisón de roja pasión
perdidos senderos
sentidos perdidos.
Tus dedos sobre mi piel,
ÉDEN, fraseo
en tus labios
de miel.
Perdidos senderos
sentidos perdidos
senderos perdidos
besar perdido tu laberinto
de suaves colinas,
Arañar
tus salvajes miradas
atrapados mis ojos en tu retina
perdidos en tus Ojos de luna, María
Perderme en un hermoso dédalo
de melodías madrugadoras.
Compones una bella sinfonía de amaneceres risueños.
Sereno
imagino como quien dibuja
un juego de polen
de coquetas abejas
en un tablero de flores
tu imagen, María.
Enamoradas
olas de pléyades
en tu iris que es un cielo
de ramas interminables
de infinitas
alegrías.
Cayendo
Rendirme, sólo,
ante esta plácida maraña
de emociones desbordantes.
Ocaso cubre
con una tenue sombra, el horizonte
no te veo, ya no te escucho
estoy sólo entre las sombras.
Frío con unas nubes grises
con una niebla espesa
de agitada respiración.
La nívea y joven amapola
sueña con ser rojo atardecer
de plácidas lagunas
en tus Ojos de luna, María.
Congela
contrae
mata anhelos y sueños por igual.
Dulce vuelo
colmena, rejas
de miel
bienes de tu luz.
Enciende
un circulo de fuego
desata lujuria
deseo sobre tu piel.
Trabajando la estructura
de sus Ojos de luna
de cada cráter
en tu bendito iris.
Con alma clama
un arado para trabajar
las tierras de tu piel
en los reflejos de sudor.
Los viajes
volar
nosotros.
TÚ Y YO
María.
En los rascacielos de cartón
viven las pajaritas de papel
en tu regazo anidan con versos
de alegría y sonrisas.
Viajes, volar, soñar.
En sus nidos
en las praderas verdes
en las pequeñas ramitas
de sensibles nidos
que nos sirven de hogar.
Cuida las abiertas piñas
el duende en los hontanares
de San Marcos.
Tienden sus manos
casca piñones
con los que alimenta
el canto
de dulces pajaritos.
A lo largo del tiempo
escurridizo tiempo
replicante
androide enamorado.
Tocan las amapolas
campanas de espiga
llaman a despertar
laman a orar y a respirar
despacio, ahora, despacio.
Paz anhelada desanida
sus picos alimento sin resuello,
tiempo, tiempo, tiempo, bruma.
Fruto de serenos días, especias.
Alas saladas de rojas olas
de especias doradas.
Ardillas pizpiretas, pierden
sueños de avellana
en las ramas en aquel tronco
en ese tampoco.
Amapolas ríen a hurtadillas
alegría, alegría, alegría.

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