Donde vivía una pequeña
tintineante y tímida llama
ahora
arde un incendio.
Brillas en espejos de niebla
con tu reflejo a contraluz.
Una sombra, baila al son de la llamas
Una esquiva pavesa salta luminosa
desde tus ojos de luna.
Es tu sombra, bailando
nuestra canción.
Al son de aquella curiosa vela.
Mecida por salvajes, cuestiones
de bellísimas sílabas en tu cálidos labios.
Entre los dulces recovecos
de tu eburnea piel se encuentra
mi destino escrito en tu sudor
en la sombra de mi cuerpo sobre el tuyo
en la tersa piel de tu abdomen
se dibuja una sonrisa y es la mía.
Sumergidas en yacimientos de ignitas
entre los sedimentos de un antiguo mar
he encontrado pequeñas conchas
fosilizadas, cuentan la historia
de las olas en el rompiente
del paraísos abrazos
despacio, cómo con un suspiro
me han susurrado tu nombre.
He recorrido un sinuoso camino
cubierto de niebla púrpura
en un desvencijado coche,
he buscado el valle de praderas infinitas
donde vives alegría, te he encontrado
en la inscripción tallada en ese árbol
te he buscado y he hallado en cada gesto
en los frondosos bosques de las Rocosas
en esa tenue caricia deslizándose.
Despacio.
Despacio.
Despacio.
Sobre tus cálidos gemidos.
Lentamente mordiendo cada látido.
Cuando me lleva de su firme y delicada mano
olvido el miedo, la pena y los pesares.
Has desbordado mis ojos, alegría,
destino, sino, fin de cada frase encerrada
esperando ser descubierta para cubrirte de flores.
En aquel valle cubierto de verdes praderas
he buscado tréboles de cuatro hojas
para regalarte mi suerte
hasta en el más recóndito bosque.
De la más prístina selva
examinado cada palmo de pradera
he arrancado pequeños
pedazos de costra que cubrían
unas petrificadas emociones.
Dentro de un espeso bosque
he hallado jirones de alegría
con un poco de suerte
contra todo pronostico.

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