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Una tormenta, un huracán, sonando en mi muñeca

mientras me resguardo bajo la parada de un autobús

suena cada latido en mi trémula muñeca

como el alegre engranaje de un segundero corriendo alerta.


Igual a mi inquieto pulso corriendo un instante que huye,

un momento escapista, como un soplo de vida,

una cálida mañana de primavera, una cálida tarde

de reclinados recuerdos en el parque

de tus ojos del luna, en un campo de pétalos

con aroma a futuro, en el que brilla

una estrella fugaz cargada de deseos.


Los días se hacen ligeros al compás de la lluvia

entonando una canción que es una suave nana

leve, sutil y la luna allí entre nubes

nacidas de entre las yemas de tus dedos,

empapados de vida,

María,

de nuestra existencia.


Como dos rayos atravesando,

la tormenta, tus ojos tornan

calma, paz, luz

descubren un distante horizonte

de sueños sencillos y preciosos.


Sólo, con tu perfecto retrato, enmarcado

en mis sencillas y solitarias noches.

Como un camino de esperanza.

Con las ropas empapadas de felicidad,

de alegría, de sonrisas, de ti, María

calados hasta los huesos

de carcajadas.


Besos llueven, llueven labios, llueven

los salvajes latidos de tu alma en mi boca

nos comemos los anhelos,

nos mordemos la sonrisa

caricias, miles de caricias

nos arrancamos la tristeza

de la piel y nos abrigamos de la fría soledad

con un manto de confianza y sinceridad.


Riego mis ojos con tu sonrisa, María.


Anuncia un huracán de sábanas revueltas

corriendo sobre mi piel

lejos, lejos del ruido, lejísimos

callados besos y nos mordemos

con apasionados impulsos

e irrefrenables deseos

nos vamos

con callados gemidos

a tu lecho desnudo.


Tu vuelo de alegre vida

tus ojos de luna creciente

vuelas con tus dulcísimas alas

tornas oscuridad, luz, tornas guerra, paz

vuelve feliz, lo anodino, la pusa, ajetreo,

el desdichado grito, convierte en dulce melodía,

curativa miel torna el hiriente veneno,

la hiel dulce caramelo.

vuelve

vuela entre mis dedos.


-¿Quién eres?¿Cómo he de llamarte?

– Soy Ojos de Luna, ME LLAMO MARÍA


En el barro peregrino de la superficialidad

torna un monótono canto, en la más dulce melodía

rebosando alegría, rezumando sonrisas

lloviendo eterna sobre mí,

cayendo suave como llovizna,

como un pañuelo de seda, enredado en el viento,

mecido, movido por una tenue brisa.



María.



Eres alegría en un sueño lucido, real, vivo, palpitante.



Latiendo con salvaje, brutal fuerza,

invocando al deseo a perderse

deslumbrado, por entrar en la senda

de tu luz.



Construyendo en el celeste éter

el mayor de los silencios.



Disipas la somnolienta niebla

con una intensa llama y el incienso aromatiza

el templo que creas con tu presencia

se hace espesa la sangre, sumiendo

a este rapsoda en tranquilidad, paz y AMOR.



De una verdad sólida, espesa sangre

cada nota más espacio

cada pausa más despacio.



Los días se hacen ligeros

al compás de tus pasos

cuando suena nuestra canción, María,

y bailamos al son de la tormenta.



Riegan sus besos en una copa escarlata

de Rioja, fluyendo entre tus labios.

Como dos romanos nos bebemos

la cepa de garnacha

y un racimo de vida, JUNTOS.


En el paseo

hay una sombra que me ama

quizás sea la tuya, Ojos de Luna.



Hay una hoja deslizándose

desde el cielo al suelo,

entonado tus pasos

como si fueran una canción

rítmica de fraseo urgente

susurrando en un lenguaje extraño

enamorados versos

disolviendo la tierra en fina

arena para ser una caricia de tu luz.


En la viña junto a la casilla de adobe

Sentada allí entre la sombras

bajo el olivo centenario, Ojos de luna.

Hay cientos de sonrisas, esperando´

en la viña de tus silencios,

moran racimos de rojos gajos

y son momentos de tu mano, María.


Se hacen ligeros los sueños,

reales, de tu mano.



Un mapa en las líneas de tu mano,

un estela con destino a la alegría

un viaje a la felicidad, destino

NOSOTROS.


DIbujar rutas en los mapas

de nuestros caminos,

senderos cogidos de la mano

por nuestro porvenir.


Eres el rocío en un desierto

donde las dunas

cantan tus melodías

en una fría noche de Enero.



Un oasis de luz

en la más obtusa oscuridad

brillando allí

en el sincero cielo

de tus palabras.


Marcando un destino

de aromas y labios,

inundando con tu serenidad

con la más decidida y cálida

con la más dulce y bella

presencia

nuestro viaje.

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