Vivía en el reflejo desfigurado
de un espejo roto
quebrado en mil pedazos
pego cada pedacito
con alegrías
nacidas de tu recuerdo, María.
Curvado con decepción,
arrasado, destrozado, devastado
el cuerpo parece envejecer
encorvado
para soportar el peso
de la tristeza y la desazón.
Hundido en un lago oscuro y solitario.
Pero una avalancha de futuros
arrasa con la pena
la mentira, la hipocresía y el miedo.
Abrazar tus alas de fuego.
Rozar los párpados, besarlos
desperezar felicidad
despertar la dicha
arrinconar la tristeza
soltar la luctuosa desdicha
allí
lejos, lejos, lejísimos
en ese abismo de soledad
donde sólo se escucha
el eco de un lastimoso grito
hecho de temores
ahogado de angustia.
Y volver a ver a través de tus ojos
Y sentarme en tu iris
Y que tu risa suene en mis labios
Para que se ilumine mi rostro
con tu luz.



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