Ya es mediodía y nos hemos bebido el sudor de esta mañana de abril de cuerpos desnudos y gemidos de polen y alegría.
Como dos tuaregs, nos servimos un café y bebemos despacio de tus labios.
Descansamos sobre una alfombra mágica robada en El Cairo mientras con tu decidida presencia distraías la atención del tendero preguntando intrigada por una pequeña replica de Keops.
Nos hemos lavado la cara con un hilillo de agua de la fuente de la alegría, sin dejar de mirarte, sin poder quitarme de los ojos la hermosísima imagen de tu desgarradora belleza. En un vano intento de parar de sonreír, han escapado desde mi alma dos te amos, un te quiero María y la cabeza se me ha ladeado sin querer, amando.
Intento apoyarme en la sombra de tu arrebatadora silueta.
Me he perdido recorriendo cada milímetro de tu sonrisa buscando el modo de escalar allí arriba donde viven tus besos, allí donde el cielo queda a nuestros píes y los pájaros migran lejos, lejos, lejísimos solo para anidar en el bosque de nuestra felicidad.
Volamos con nuestra alfombra mágica sobre unas dunas que son como archipiélagos de solemnidad.
Hemos cruzado un mar en calma donde se reflejaban nuestros acompasados latidos.
Dejamos atrás Ítaca y las islas de los libros olvidados. Para llegar hasta una península donde la primavera vestía de flores los valles de tu risa.
Donde no llegan las historias de los nómadas hallamos una salvaje selva de historias olvidadas.
En la puerta del bosque se nos ha escapado un dulce susurro frente a un nigromante que esperaba desde hace mil años para escuchar su nombre, fumando una pipa que cubre su cuerpo de bruma.
Con un abrigo blanco largo que arrastra llevándose pedazos de nubes.
El nos ha indicado un sendero que lleva a un frondoso bosque de espíritus luminosos, prestos a responder ese torrente de preguntas inquietas que nace de tus labios.
En un dulce susurro preguntas:
¿ Cómo encontrar cálida paz en aquel helado desierto de incomprensión?
¿ Cómo escapar de las garras de la desdicha acechando a la vuelta de la tristeza?
¿Dónde serenar la difusa realidad que cubre de nieblas nuestros horizontes?
¿Dónde apaciguar la salvaje y cruel verdad de aquella mentirosa respuesta?
Con el miedo tras cada sílaba me atrevo a preguntar:
¿ Dónde puedo apaciguar este amor que no me cabe y rezuma mi piel con un martilleo constante en mi respiración?
¿ Cómo curar las manchas en mi alma que dejas cada vez que te veo?
¿ Dónde escondo esta alegría desbordante presente hasta cuando ando?
¿ Cómo freno mis manos empecinadas en escribir constantemente te amo, te amo, te amo, te amo…?
te amo, te amo, te amo, te amo, te amo, te amo, te amo, te amo, de momento no puedo escribir nada más que te amo, te amo te amo, te amo, te amo…
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