Descansamos sobre
una alfombra mágica
robada en El Cairo mientras
con tu decidida voz
distraías la atención del tendero
preguntando intrigada
por una pequeña
replica de Keops.
Nos hemos lavado la cara
con un hilillo de agua
de la fuente de la alegría.
Sin dejar de mirarte.
Sin poder quitarme
de los ojos la hermosísima imagen
de tu desgarradora belleza.
En un vano intento de parar de sonreír
han escapado desde mi alma dos te amos
un te quiero María y la cabeza
se me ha ladeado sin querer, amando.
Intento apoyarme en la sombra de tu arrebatadora silueta.
Me he perdido recorriendo
cada milímetro de tu sonrisa
buscando el modo de escalar
allí arriba donde viven tus besos
allí donde el cielo queda a nuestros pies
y los pájaros migran lejos, lejos, lejísimos
solo para anidar en el bosque de nuestra felicidad.
Volamos con nuestra alfombra mágica
sobre unas dunas que son como
archipiélagos de solemnidad.
Hemos cruzado un mar en calma
donde se reflejaban nuestros
acompasados latidos.
Dejamos atrás Ítaca
las islas de los libros olvidados
llegamos hasta una península
donde la primavera
vestía de flores los valles de tu risa.



Deja un comentario