Con una sonrisa despiertas mi realidad, corres, vuelas sobre la bruma, saltas divertida.
Me dejas, con dos pétalos tres pétalos cuatro veces cinco veces, corres, vuelan segundos minutos horas, corren días, las noches, semanas vuelan.
La bruma se extiende rapidísima sobre el valle, corre vuela, cinco veces seis pétalos, siete veces.
Eres un velo entre mis dedos, un amanecer distinguido de elegante paz, desaparecer en un juego como si fuéramos dos niños, jugando a ser mañana y morar en pasado mañana, pasado pasado mañana y cualquier porvenir construido de siete pétalos, ochos veces, nueve pétalo, diez veces.
La bruma forma un espejo de hielo, donde se ve tu rostro. Una escalera conduce hacia un beso distraído, un fugaz beso, escondidos cogidos de los labios once veces, doce pétalos, trece pétalos.
La noche en tus pardos Ojos de luna, la noche de miradas curiosas, la noche de caricias con cada trémulo sentido, así te veo, te escucho, te huelo, te saboreo, te toco con delicada pasión, catorce veces, trece pétalos, quince veces.
Somos dos niños jugando en el parque mientras deslizamos la ternura por el tobogán de tus abrazos. Un montoncito de sueños altísimos, aún inalcanzables.
Ser, estar, por ser, soñarte, aquella noche, cada noche, todas la vida y vuelo, saltas, sonríes pícara, dieciséis veces, catorce pétalos, diecisiete veces.
Quiero escribirle una épica epopeya al deseo con mi lengua acariciando cada recoveco boca, dieciocho veces, quince pétalos, diecinueve veces.
Pedacitos de tus labios de cálido sabor, con los párpados vencidos y los sentidos rendidos. Entre las estrellas hay un camino hacia tu cuello lleno de dulces mordiscos, caminos colmados de rastros con la forma de mis dientes, veinte veces, dieciséis pétalos, veintiuna veces.
Veintidós veces, diecisiete pétalos, veintitrés veces voy a escribirte que te amo, que te quiero, con dieciocho pétalos y en cada uno un sí.

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