Encontrarnos en un parque
con una fresca alameda
viva en un anhelado recuerdo
con un camino jalonado de rojos, ocres
en un otoño de felices hojas
escritas todas con tu nombre, María
Dispuesto
a pasar por encima
del bien y del mal.
Andar hasta toparnos
en medio del camino
con una lata y jugamos
a ser futbolistas.
Corremos tras la lata,
en un gran estadio
con gradas repletas
de animados pajarillos.
Presos de una pasión desenfrenada
nos lanzamos al ataque riendo
con estruendosas carcajadas.
Cómo si pudiésemos marcarle
un tanto a la tristeza
un regate a la melancolía.
Me divierte verte feliz.
Cuando imaginas una sonrisa
para dibujarla en mi rostro
Cuando jugamos a leer nuestro futuro
en la comisura de tus labios
Cuando somos el feliz aire
de nuestras carcajadas.
Atardecer reclinado en tus miradas
dibujando con el humo
en las tímidas volutas.
de mi cigarro,
formas de elefantes.
Altísimos y poderosos.
Un ocaso de interminables
y anaranjados horizontes
en la sabana,
un campamento entre tus brazos.
Una tienda de campaña
hecha de labios
de entrecortada respiración.
Porque adoro bailar contigo
Nube ahora roja, rosa
con tus ojos de luna, entretenidos,
buscamos formas en el cielo,
cielo de llamas, atardecer
cubierto de fuego
nos quemamos la yema de los dedos.
Donde nos recreamos en la felicidad
en los pequeños instantes
cuando se cubre de sonrisas el éter
en el instante justo del ocaso
nos miramos, nos besamos y son besos
insumisos, rebeldes y salvajes.

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