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Aquella lejana, cálida y sonriente noche

bailamos como dos cuerpos decapitados

agitando el éter con nuestros brazos

como las enormes hélices de un buque

giraban palabras de amor en mi psique

pero siempre permanecía en silencio

temiendo estropear aquel instante

deslumbrante, sobrecogedor

entre la desgarradora belleza de tu sonrisa.



De tus pasos mis coreografías

María. Ojos de luna de tu luz

mis mejores, los más hermosos amaneceres.



Nuestras canciones sonaban en Radio 3

era la banda sonora de nuestras danzas

eran melodías transversales, dichosos

sueños de exuberantes ondas, de refulgente

alegría. Nuestro distantes labios, discurrían

sobre renglones torcidos de interrogadas oraciones

en tu espalda descubierta

intente escribir <<te amo>>

era un magnético lugar para redactar palabras de AMOR

destino soñado por una osada mano que atrevía

osaba tocarte, por primera vez

y anhelaba escribir un libro entero

entre tus abrazos, sí, siempre tus abrazos.



Consumidos por la humedad y el frío

envueltos en la siempre oculta respuesta

aquella noche cubiertos de bruma

una mano gigante arrancaba el horizonte

desterraba la Luna, era ésta un destello

Aquella noche

recorrimos una sinuosa carretera

subiendo un altísimo puerto

llevaba hasta la luminosa

cumbre de un cielo hecho

pedazos de tus ojos de luna.



Conducir entre la nada,

de la nada a la luminosa

esencia de tus pasos

conducirnos por una recóndita carretera

donde la niebla quedara a nuestros pies,

solo para ver amanecer, JUNTOS, María.



Esperar una noche

todas las noches

de una vida entera por ver amanecer

JUNTOS, María

vuelve mi sonrisa a dibujarse

en la sombra sobre tu abdomen

con destino entre tus manos.



Dejarnos caer sobre un paisaje

repleto de tréboles de cuatro hojas

rodar ladera abajo, baraka

hasta aquella cabaña de viejos maderos.



Deambular con la bandera blanca

rendido a tus pies

vencido por la carcajada

ganados sólo por esta contagiosa alegría.

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