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Ves amanecer y yo sólo

veo tu silueta a contraluz

tus manos sosteniendo un móvil

pero sólo veo tus dedos

rasgando el éter con delicada

ternura.



Te sientas sobre la arena

y eres tú la playa

donde quiero descansar y eres

luz atravesando mi iris.

Reventando a la nada

a la oscuridad perpetua

que vivía en mí.



Tengo mil millones de preguntas

para susurrarte cerca de tus labios

con salvaje serenidad, en el mar

de la tranquilidad, en tus Ojos de luna,

Tengo un diccionario extraño lleno de

extravagantes adjetivos para preguntar

a los verbos inquietos que viven en mí

el significado de estos amaneceres rojos, de

estos labios rotos que sólo saben decir tu

nombre, María.

Desde que te siento cerca

próxima, aquí entre las sombras

lejos de todo, lejos de todos

Con tu deslumbrante presencia

Busco el significado

entre versos encelados

encadenados a tu respiración.

enamorados de ti, María.



Le he preguntado

al vuelo de la distraída

y distinguida golondrina

el destino de estos versos

y me ha respondido

con un vuelo en picado

hacia tu silueta viniendo

hacia mí, en el FIB.

Llenando de pasión desbordante

ese vaso de cerveza.

Cuando ibas a la barra

ya te echaba de menos.



Cuánto te echo de menos, Ojos de luna, María. Lobita.



Cuan desesperante e infructuoso

dédalo de interminables soledades

he caminado sin saber que siempre

te buscaba a ti, María.



Ella, sus preguntas,

y ella, ella sus miradas, ella

ella, su voz, ella, su pasión

ella y su encantadora sonrisa, ella

y yo naciendo tímido en un susurro

junto a ella,


Sí junto a ti, María.


ELLA.


Ella describe

horizontes infinitos de felicidad,

de interminable alegría, Ella.

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