Un árbol de pletórico júbilo
un bosque de pasión desordenada
mora en la salvaje selva de tu sonrisa.
Son sus alegres ramas
caminos de dicha, cauces
como savia verde de frutal
esperanza.
Con profundas raíces
Desde lo más profundo
de mi reconstruido ser
brotan sobre la tierra
sonrisas y carcajadas, raíces
tu risa fluye por mi sangre
y tu alegría
marca, caminos,
venas
en mi pálida piel.
Piel.
Tú ebúrnea piel
Yo trémula caricia
Nuestros cuerpos, abrazadísimos
en pie, firmes, seguros.
Naciendo en un mañana de abril
floreciendo, cantando bajo la lluvia
ante aquel maldito viento
severo, retorcido de resentimiento
que arrasa con la verdad
Ese maldito siroco
Teme a la realidad
de un deseo desbordando
un barranco de bellísimos sentires.
¿ Por qué escribir versos enamorados?
Porque alcanzar la paz
sea sólo un suspiro de tus labios,
porque reclinar la pausa
sobre tu hombro
sea hogar,
sea una bufanda
tejida de emociones
De cálido, de reparador AMOR.
Porque no sé como vivir
más allá de tus idas y venidas.
Porque no puedo soñar otro invierno
donde el frío de la distancia
sea un carámbano en mis costillas
y rompa mi alma en pedacitos de soledad.
Porque te quiero, María.
¿ Por qué zarcear y jugar con palabras ?
Porque los rasguños de andar enredado
entre zarzas son mapas
para encontrarte alegría.
Crear sendas a partir de cicatrices,
y los días se vuelvan dichosos juegos de niños
ocultándose entre aquellas hiedras,
o tras aquel ciprés solitario
que preside el camino hacia una casa abandonada
donde no vivía nadie
y ahora moran un sinfín de emociones.
Donde siempre te encuentro.
¿ Por qué redactar estos párrafos errantes que nunca llegan a Ojos de luna?
Porque escribirte es vislumbrar un paraíso perdido
en una cueva infinita de versos enamorados.
Palabras vagabundas
dentro de una botella
en un embravecido mar
de olas enamoradas.
Ser aquella carta congelada
en una escabrosa
cordillera de interrogaciones
donde siempre quiero escalar
sobre tus miedos para abrazarte, María
Comanche, Ojos de luna
Quiero dibujar, colorear
con tus salvajes pinturas
de guerra y alegría
un vida entera, María.
Subir allí, donde
sólo se ve un suelo de nubes
y es un sueño
de palpitantes besos.
Escribo tu nombre en cada pulsación,
grabado a contraluz
en cada tecla de un portátil
donde se escribe felicidad
con las letras de tu nombre.
En un ramo de enamoradas margaritas
con síes en cada pétalo,
con una sonrisa grabada en el dintel
de la puerta de tu puerta
y en el quicio una carcajada
siempre que te siento.
Por el verbo de cuatro letras
que late en mí
en cada respiración
a cada paso
seguido de tus labios
de tus palabras.
Por multiplicar cada sentimiento
por si mismo y progresar hasta alcanzar
los mil millones de besos
de labios y de estos tus palabras.
Cuando los días se pierden
atravesados por el recuerdo.
Cuando las noches
permanecen atentas.
Cuando aquel brillo
en tus ojos ilumina los deseos.
Cuando suspiran
una avalancha de emociones.
los salvajes latidos
partiendo en dos las tristezas de mi pecho.

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