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Han robado una flor, de nombre María

tras Ella corre un jardín indignado.



Deja un rastro de pétalos y olores

tras su delicado aroma,

puedo sentir tu presencia.

Es tu olor como una canción

enredada en tus mechones rojos.



Dejo caer mi cabeza

rendido sobre tu hombro

late tu cuerpo junto a mis labios

me pierdo en la frondosidad

de tu cuello.



Cómo una gota de perfume recorro

tu silueta

soy esa gota de sudor

descendiendo por tu espalda.



Me calmas como una caricia



Deseo



Por su aroma vuela

ahuyentas una bandada

de signos de interrogación.



Estoy, donde hace un momento

estabas tú, me dejo embriagar

por tu salvaje presencia

revives en mí

como en una desnuda

tarde de verano.



Caen gotas de rocío

delicadas notas de su perfume

trenzadas en su cabello.



Me muerdo las ganas

apoyado en la torre del campanario

en la esquina que da al puerto.

Siento una presencia

Vuelo tras ella

vuelvo a sentir mi cuerpo latir con fuerza

me he escondido para besar tus pasos,

me ves ahora.



Tornas sobre tus pasos y nos besamos…



Escondidos

dos desconocidos


En la puerta de la iglesia

sólo saben sus nombres

no se atreven a pronunciarlos.


Nos besamos.


Como el repicar de la campana que llama a orar

Como el canto de la cigüeña que nos saluda

Como entonar la vieja melodía de esa canción

con el ritmo del cincel tallando tu cuerpo desnudo


Nos besamos.


Te muerdo los labios

me dejo los miedos

en la escalera.

Sentada sobre mi regazo te acuno

con mi armonía de cálidas sonrisas.


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