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La indignada ventana se cierra y los postigos claman un murmullo de voces indignadas de vecinas susurrando, pero qué más da, qué más da si estoy sumergido en tu abrigo trepando con mis manos desnudas sobre tu espalda.

Ante la algarabía de exclamativas miradas, de ojipláticos paisanos, tocamos en la puerta de la iglesia y salimos corriendo juntos cogidos de la mano.

Su luz me espera, lo sé, volamos a escondernos en aquel desvencijado jardín. Para sumergirme en tu aroma vivo.

Perdido, perdido, perdido escribo en tu cuerpo una alegre sinfonía con mis labios.

Entre las rosas secas hay un diente de león, lo arranco con suavidad para que no se escapen los anhelos y te lo regalo. Tu susurro sopla, vuela un deseo, Ojos de luna

Con mis palabras, te llamo,

con todas las comas te amo,

en cada frase te llamo,

con todos los puntos, te llamo

en cada exclamación te llamo

No lo ves, te amo.

Cada instante, cada segundo, vuelan las estaciones, nunca te bajas en mi parada, son sólo expectantes vagones, a la alegre deriva.

Te llamo dulce deriva, te amo. Acaso no ves como sueño despierto en tus ojos.

Capaz de grabar a fuego tu nombre en mi alma, por verte sólo un instante, soñarte despierto, Ojos de luna, buscarte cuando nunca estás, hallarte siempre que tecleo.

Capaz de escalar la torre del reloj

para atrasar la soledad ,

frenar el tiempo y esperarte mil años más belleza,

no lo ves Ojos de luna.

Te llamo dormido,

soñando despierto te llamo,

no lo ves, te amo.

Y pienso en abrazarte

Y duele el destierro

Y consuela esperanza

Tornar cada noche a las tres, tres besos,

soñando despierto.

¡Qué truenen tus labios!

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