Los focos
del cine encendidos.
Suena una canción
con sabor
a tu alegría.
Alguien carraspea
envidiosa tos.
Reímos
y corremos a ocultarnos
a hurtadillas
tras el murmullo
de nuestra escondida
carcajada.
Aparecen los créditos
directora, productora
cámara y protagonista.
Ojos del luna, María.
Cuando no queda
nadie
el acomodador
nos grita.
Nos negamos
a ser el anodino
final
de aquella historia
inacabada
en una madrugadora
y joven playa
de Benicasim.



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