Cogidos de la mano
dos almas
adolescentes
sonríen
sin mirarse
las carcajadas.
Caminan
desde
dos olvidadas
almas
a una casita de adobe
en un claro
de nuestra psique
en nuestra pradera
verde esperanza.
Excitado
mientras corriges
tu maquillaje
pintando
las olas
con tu carmín.
Como dos porteños
bailamos un apasionado
tango.
Nos cubrimos
de cálido humo
con las volutas
de mi cigarro.



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