Ya es mediodía y el sol
Nos observa indignado
Mientras perezosos
Nos alimentamos de tu alegría
Nos hemos desayunado
nuestro sudor
en esta mañana de abril
de cuerpos desnudos
en este floreciente amanecer
de sutiles caricias
descarnadas y cálidas
de gemidos, de polen y alegría
de fértiles y felices campos
serenos y serpenteantes
mañanas de abril.
Cómo dos nómadas
De tus dunas, en tu tórrido
desierto, bajo una tienda
de telas azules
somos tuaregs
nos servimos un café
servido desde tus labios
a los míos.
Café de labios, de besos
de risas, de ríos café
corriendo dichosos
desde tus labios
hasta los míos
desde tu cielo a mi tierra.
Al despertar siempre
Me gusta acariciar tu mejilla
morderte los sueños
besarte los párpados
y susurrarte despacio
-ya es de día, María. –
Iluminas mis ojos
Y brillan motas de polvo
Con tu luz, María.
Es mediodía
Para comer voy a preparar
Un camino entre tus piernas
pienso trocearte
los miedos para masticar
tus piececitos y besar
tu torrencial alegría
mientras
me sumerjo
dentro.
De postre tengo un poemario de nata
y me apetecen unas anáforas
con fresas sobre
TUS VERSOS DESNUDOS
me apetece recitar unos versos
entre tus piernas
jadeando
entrecortada respiración
y nata en cada sílaba
entre tus piernas
declamar unos versos
con enorme pausa
entre tus piernas
en tus despertares
amaneceres
de nata y fonemas
entre tus piernas
entre tus piernas, María,
en tu boca, entre tus brazos, entre tus piernas, vencido dentro, María.
María
se sumergen los versos
desde mis labios hasta
tu cálida voz
y me contestas con una dulce
conjunción
entrecortada respiración
entre tus piernas
y se hacen infinitas las mañanas y ya anochece
ya anochece
anochece, mi amor.



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