OJos de luna

un lienzo en blanco cada día

He oído allí en la distancia

Un verbo que quizás contenga

Una respuesta

O quizás sea sólo imaginación

Una respuesta atormentada

Una respuesta incomoda

Será que estoy mal sentado

O habito un bosque donde

Sólo te manifiestas tú, rebelde.

He escuchado como un tierno

Murmullo

Un adjetivo pintando un nombre

Con calidez, con asombroso ardor

Quemando los versos

Ardiendo aquí en el espacio en blanco

Que sigue a la siguiente frase

O será una estrofa

Y tu nombre, escondido

Tras cada coma y sólo quiero

Saborearte

Y sólo anhelo tenerte, ahora

Para poder pronunciarlo

                                  MARÍA.

MARÍA, MARÍA, MARÍA.

Y si clavo una conjunción

                               ¿Y María?

              Dime, María.

Si endulzo la espera con preposiciones

A María

 Ante María

             Con María          

Por María

                     Para María.

Para María todos mis versos

Para ti, cada estrofa, cada poema

 Y cada punto y aparte.

 Aparte el miedo, el orgullo y la pena

Aunque sólo me queden

estas manos

                  Y estás ganas de escribirte

                 Mi mundo rezuma alegría

   Felicidad, dicha y goza en cada verso

   Mi mundo torna un cosmos luminoso

Mi mundo se hace como tú, María.

       Infinito, interminable, inefable

Aun cuando escriba y escriba y escriba

y escriba y escriba y escriba

Apenas alcanzo a besar tu belleza

Desde aquí abajo

pareces enorme

Una enciclopedia de onomatopeyas felices

      Riendo, siempre te imagino, riendo

          Y NO, no alcanzo a describir

    Ese arrollador torrente de versos

                       Dichosos que nacen

                     De nuestras conversaciones

               De tu sombra entre mis dedos

Y del reflejo de tu cuerpo

          En mi iris que torna

             Más verde, verde

de tu alegría, María.

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