Allí en un remanso de paz
Al otro lado del gran y parsimonioso río de la felicidad
Allí, se encuentran tus labios
Son tus labios rojos un pájaro
Exótico, extravagante, excitante
Plumas escarlata, plumas ardientes
Rojas, deslizándose por mi lengua
que ya sólo sabe decir tu nombre
María, María.
Quiero aprender a volar
Volar y morder su vuelo
Para masticar tu sonrisa
Atomizar sus plumas
Para comernos los miedos
Desgarrar los labios y darnos
mil millones de besos.
Quiero aprender a volar.
Allí en un remanso de paz
Al otro lado gran y parsimonioso
Rio de la más alegre felicidad
Conversar a tu lado, María
Es recorrer una primavera
Donde Céfiro no se cansa
De susurrarme versos.
Responder a tus disquisiciones
Con una sonrisa y un verso.
Musa, María, María
María, María
No me canso de llamarte
Ni de adorarte, ni de amarte
María, María
Beber de aquel pájaro
Hasta su dulcísimo canto
Y volar, volar
Volar a las plumas a tus labios
Y con mi distinguida pluma
Escribirte mil millones de versos.
Tus labios, plumas para describirte
Alegría, paz, Verdad, María
Tus labios, comanche, Ojos de luna
Susurrar sutiles versos enamorados
Delicados apoyados en la barra de aquel bar
Y escribir sobre la humedad nuestros nombres, sobre el mármol
Mancharnos los labios de risas
Mientras entrelazamos palabras con un chupito de Jack
Y emborracharme en tus labios
y susurrarte, despacio como sin querer
-AMOR-
Teclear tu nombre sin parar de sonreir
Escribir tus sílabas, con una pausa
que me enloquece, me trastorna
y me hace querer volar hacia este
extenuante final, de hoy donde
habitan estas estrofas
enamoradas.
Donde moran tus labios, María.



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