OJos de luna

El encuentro

Apareció

entre las sombras del inconsciente

Paroxismo  

Entre las sombras

Derrumbando

el ultimo muro

cerca de un horizonte dibujado

con mi imaginación  

donde el tiempo y la razón

se funden, donde los años son un suspiro

       Un instante de tus labios


Hálito del edén.  


En una alegre senda de versos dichosos

La séptima puerta

Escondía la llave, el secreto

De regresar a ver

Otear con un iris renacido


Leve control, sutil cadencia


Respirar fascinación

Clave del inconsciente control

Hallar dentro del caos, unidad  

Caos, gobernar mi caos y dejarme

Los dedos tras tu luz, María.


Estabas aquí en mi recuerdo

Sempiterna, María.

Siempre, estuviste aquí

Junto a tu ágil verbo

Pegada a tu estela, María.


Asalto al mar de sueños.


Olvide cualquier
propósito

 Guarde mis alas
En una lágrima
Congelada en el éter


Soledad
ciega los caminos


Añoranza


Ayuno, meditación, palpitación


Obstáculos que parecían infranqueables

Tornan irrisorios

contra el desquebrajado ánimo, luz
Tu luz, sumergida en la tristeza
En una lágrima congelada
En el norte de aquella luctuosa desdicha.                 


Al sur de tu sonrisa

deshielo, avalancha

de versos, de vernos.


Las preguntas,
preguntas

sin respuestas

              Hallaron contestación

                             Al lado de tu risa.


Encontrarnos de frente

De repente, de bruces

Contra tu alegría

Y yo siempre cayéndome

el resplandor se hace corpóreo

La luz tiene tu sonrisa, María

y no puedo parar de sonreír

no puedo para de sonreír

no puedo parar…


Amiga mía, compañera, amor.

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