¿Dónde demonios escondes tus besos, María?
Acaso en el peregrino volar
De aquellas alas esquivas y elegantes
¿Dónde te escondes, mi amor?
Acaso eres el ala migrante, de esas
Pequeñas pillas vestidas de frac
Eres como una pequeña golondrina
Siempre escapando de la gravedad
Y de mis manos, como si andar cogidos
de los sueños fuera inefable utopía.
Como si acariciarte
Fuera tejer el éter con los dedos
Como si tus dos alas nos llevasen
Lejos, lejos, lejísimos
donde sólo tú
conoces el nombre
de aquellas llaves.
¿Y tus besos, María?
Has visto como se funden mis dedos
Llamándote alegre granujilla
¿Y tus manos, amor?
¿Dónde demonios atrapas las nubes?
Para que siempre que escriba estés
Aquí lloviendo
entre mis dedos, belleza.
Delicada, deslumbrante, desgarradora
Belleza.
¿Y tus labios, María?
¿Y tus palabras, amor?
¿Y tus dulces versos?
Claman una huida interminable
De sílabas errantes
No me canso, no
De tallar esculturas
con tus formas, compañera
De describir tu alegría
Ecos de tu risa en cada frase
De escribir tu nombre y vestirlo
con la cultura de tu hermosa psique.
Reverberación
entre tu verdad
hallo la mía
y en esta certidumbre
paz.
Entre los recuerdos
con los que construyo mis deseos
Soy el alarife de una casita de adobe
Sencilla, diáfana, hermosa
Para los dos, aquí
en medio de nuestro bosque.
Donde quizás al fin encuentre
tus besos perdidos
tus distantes frases
y tus anhelados verbos.


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