– ¿Quién eres? ¿Cómo he de llamarte?
– Soy Ojos de Luna, ME LLAMO, MARÍA
Sobrevolar miedos, temores
distancia, ausencia
y abandono.
Por encima del barro peregrino
de la superficialidad y la
tristísima monotonía…
Aparece clara como una
mañana luminosa de abril, María .
María
torna un monótono canto
en dulce melodía
rebosando alegría
rezumando sonrisas
lloviendo eterna sobre mí
suave como volutas de humo
enredadas en mis dedos
como un pañuelo de seda
enredado en el viento
mecido
por una tenue brisa.
María.
Eres alegría
en un sueño lucido, real,
palpitante.
Latiendo salvaje
brutal
invocando al deseo a perderse
deslumbrado, por entrar en la senda
de tu luz.
Construyendo en el celeste éter
el mayor de los silencios.
Disipas la somnolienta niebla
con una intensa llama
y el incienso aromatiza
el templo que creas
con tu BELLÍSIMA presencia
Densa sangre
sumiendo
a este rapsoda en tranquilidad
sosiego, paz y AMOR.
De una verdad sólida
cada nota más espacio
cada pausa más despacio.
Los días se hacen ligeros
al compás de tus pasos
cuando suena nuestra canción, María,
y bailamos al son de la tormenta.



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