En un tranquilo ocaso
En una noche luminosa
Contigo pendiendo de un hilo
Cogida del éter
Con tus serenas miradas
Con tus delicadas manos
Tejiendo un abrigo de sueños
Allí, entre algodones
Con el rojo otoño, al otro lado
De tus nocturnos paseos
Desde el mismo centro
De tus ojos de luna, bronce
Se vislumbra, un seguro mañana
Pleno, lleno de tus pausados
Caminos
Colmado con tus salvajes
Senderos
Aquí con nuestro río Cidacos
corriendo
A veces tímido, otras nervioso
Bajo el puente de piedra
Esperando a ver tus manos
Sosteniendo mi mundo
Como cuando dibujas
Un horizonte, sino de esperanzados
Sueños, hado de confianza
Destino de promesas cumplidas
Por eso prometo, ser
Prometo, estar
No dejar de soñar, prometo
Y que se caigan los cielos, los miedos
Y los templos, y queden en patéticas ruinas
La desilusión, el odio, las envidias
Ven vuela ven sobrevuela ven planea ven
Arranca del éter estas promesas de vida
Y vuela ven corre, ven, María, ven
Nos vamos a cenar allí
Entre las hojas de otoño
Un poemario entero
De risas, de alegría, de anhelos
Con tu luminosa sonrisa
Y tus ojos de luna.
Ven, María, ven que hoy voy
a soñ.arte
am.arte
sabore.arte.
En el lago donde busco palabras
he encontrado un verbo
de cuatro letras
y cada vez que te escribo
lo saboreo.
Donde te escondes, María
Donde te muestras, María
Aquí estás, ahora
sentada en este punto y aparte.



Deja un comentario